Ella mordió su hombro —¡Deja de hablar!
Él la empujo. Aterrizo de espaldas con el agachado sobre ella, con las manos plantadas a cada lado de su cuerpo. Se deslizó de nuevo y bombeo lo suficientemente fuerte como para hacerla jadear. Las sábanas agregaban fricción a su espalda. Él movió sus caderas, y sus ojos se encontraron cuando él fue más profundo que nunca.
—¿Sabes cuantas veces te imagine así? —se inclinó y agarro su garganta —Vas a sentirme hasta mañana, princesa.
Empezó a moverse como e