Le agarro la cara, la inclino como él quería y la beso.
Esta vez, no había nada dulce al respecto. Su mente se quedó en blanco cuando él aplicó presión en sus mejillas, obligando a abrirse para aceptar su lengua, que la invadió con un empuje sensual que hizo que sus pezones hormiguearan. Sabía a pan de maíz con mantequilla y algo intrínsecamente suyo, lo que hizo cosquillas en el fondo de su mente y evoco recuerdos de su pasado.
Ella cayó sobre él. No había necesidad de pensar, no había necesid