— ¿Hasta qué hora me dijiste que te esconderías aquí?
Daniela se cruzó de brazos delante de Nina, dando golpecitos con la punta del pie contra el piso
— No te dije – Nina se encogió de hombros.
Con el cabello recogido en una coleta, un short negro y una camiseta blanca holgada, Nina se rehusaba a levantarse del sillón de Daniela.
— Nina… tengo cosas que hacer.
— No te retengo, ve, ve… ¿O es que no confías en mí como para dejarme sola?
— Nina… — Daniela – no tengo ningún problema con que te qued