No puedo, no debo

Faltaban quince minutos para las diez cuando Melody y yo llegamos a la puerta principal del Sports Gym.

Le entregué los boletos a la persona a cargo, quien dijo:

- Lo siento, señora. La niña no puede entrar.

Miré a la mujer, confundido. ¿Cómo podría no entrar? Melody era la hija de Charles.

- Ella es mi hija. – Empecé a sacar nuestros documentos de la bolsa y traté de dárselos.

Ella se negó a tomar:

- No. La chica no entra.

- Soy responsable de ella. Como te dije, ella es mi hija y autorizo su
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