Me desperté y me tomó un tiempo darme cuenta de dónde estaba. Se sentía como una pesadilla despertarse en ese lugar pequeño y claustrofóbico.
Tan pronto como me di la vuelta en la cama, me encontré con Yuna, abriendo el armario y tomando un abrigo:
- Buenos dias señora. Está frío afuera. Necesitas conseguir un abrigo en caso de que quieras salir.
- ¿Qué hora es? - Todavía tenía sueño y mi voz salió débil.
- Siete.
Me tapé la cabeza con la manta, tratando de volver a dormirme.
- No quiero ser ab