Estaba prohibido no querer conducir mi propio coche. Pero era algo que mi padre odiaba que hiciéramos. No me gustaba mucho ir a exceso de velocidad y solía respetar los límites de velocidad. Pero en esta noche en particular, estaba demasiado ansioso por seguir las reglas.
Pero cuando llegué frente al Cáliz Efervescente, todo estaba en tinieblas. Aparqué casi frente a la única puerta del lugar y no había nada, ni siquiera una nota diciendo lo que estaba pasando.
Fui a la cafetería de al lado, ca