CAPÍTULO 11
ROMINA
Maldita sea, esa desgraciada de Irina me las pagará muy caro, ha sentenciado su carta de muerte. Tomo un adorno y lo aviento con furia contra el espejo haciendo que se rompa en pedazos.
Agarro el celular y le marco a Sergio, éste me ayudará a desaparecer a la hija de perra de Irina.
—No sabes la que te espera —digo para mí misma con rabia y odio a la vez.
Maldita sea éste imbécil, no responde. Vuelvo a llamarlo y me manda directo a buzón.
“¿Qué estará pasando?”, pienso con a