CAPÍTULO 75
DANIELA
Siento el pinchazo, una presión… luego un hormigueo.
Poco a poco, mis piernas empiezan a dormirse.
—Muy bien, ya casi está —dice el anestesiólogo.
Me recuestan con cuidado. Me colocan una sábana frente al pecho, para cubrir el campo quirúrgico.
Lili me toma la mano, acariciándola suavemente, mientras me da una cálida sonrisa.
—¿Lista para conocer a tu bebé?
Mis ojos se humedecen. Asiento, apenas, con la garganta cerrada.
Escucho el sonido de una puerta abriéndose.
Vuelvo el