CAPÍTULO 34
ROMINA
—Señorita, las visitas han terminado —la voz de la maldita enfermera me espantó justo cuando estaba a punto de inyectarle diazepam para mandarlo al otro mundo.
Volteo a verla con una amable sonrisa fingida.
—Disculpa, acabo de llegar del extranjero, no sabía que las visitas ya habían terminado —la miro fingiendo inocencia—. Iker y yo somos muy buenos amigos, y desde que me enteré de lo que le pasó tomé un vuelo para verlo —acaricio su mejilla—. Es terrible lo que sucedió —me t