298. Sin la menor conseción
298
Julieta
La comida había comenzado con un enfrentamiento verbal como de costumbre. Maximiliano se divertía demasiado provocándome y yo hacía mi mejor esfuerzo por ignorarlo.
Pero a medida que la cena avanzaba, me di cuenta de que estaba en desventaja.
—Prueba esto —dijo, partiendo un pedazo de su filete y acercándolo con el tenedor hasta mi boca.
—Puedo comer sola —respondí con firmeza.
—Sí, pero es más divertido si te doy de comer yo.
Su tono sugerente me calentó la piel. Dudé por un segund