297. Almuerzo con el descarado
297
Julieta
La mañana había comenzado temprano y sin tregua. Entre llamadas, correos y documentos, apenas había tenido tiempo para respirar. Me gustaba mantener todo bajo control, sin distracciones innecesarias.
Por eso, cuando alguien tocó la puerta, apenas levanté la vista de mi escritorio.
—Adelante —dije con voz firme, esperando que fuera mi asistente con los informes que había pedido.
Pero en lugar de eso, una presencia completamente distinta se hizo notar.
—Bueno, bueno… mírate. Tan ocupa