210. Una locura o...
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Julieta sabía que no sería la última vez que vería a Liliane. Aquella mujer tenía una mirada perturbadora, y la sola idea de que rondara cerca de la Torre Hawks la inquietaba profundamente. Por eso, tomó la decisión de redoblar la seguridad del edificio y, de inmediato, habló con Max en su oficina.
—Vino hasta aquí —le dijo Julieta, con los brazos cruzados mientras caminaba de un lado a otro—. Traía un cochecito, Max. Y dentro, solo había un oso de peluche. No me gusta nada esto.
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