211. Desesperación
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Arabella y Brenda llegaron al hospital como cualquier otra mañana, vestidas impecablemente y con esa falsa calma que habían perfeccionado durante semanas. El doctor Morrison las recibió con una pequeña sonrisa, mostrándoles una carpeta con las últimas actualizaciones.
—La herida en el pecho y la cabeza están avanzando bien —les informó, cerrando el expediente—. Si sigue así, podrán llevárselo en poco tiempo.
Ambas mujeres intercambiaron una mirada, satisfechas con la noticia. Ese era