209. Una manzana
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Callum observaba a Isabel desde el sillón, con el ceño ligeramente fruncido, como si tratara de recordar algo que se le escapaba. Cada noche, su presencia lo llenaba de una extraña paz, pero también le generaba una inquietud que no lograba comprender. Era como si cada palabra que compartían, cada gesto, trajera consigo una sensación de familiaridad que no podía ubicar.
—¿Qué hiciste hoy? —preguntó Callum después de un largo silencio, su voz baja y algo insegura.
Isabel levantó la vista de