186. Hablando solo
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Tomás, con una taza de café en la mano y ojeras que delataban noches largas, suspiró profundamente mientras revisaba la lista interminable de pendientes. Había avanzado, sí, pero los imprevistos seguían apareciendo como si fueran una prueba constante de su paciencia.
—Ser yo es tan complicado —murmuró en voz alta, sin darse cuenta de que estaba siendo observado por dos personas que sonreían al oírlo.
—¿Hablando solo otra vez? —la voz divertida de Verónica lo sacó de sus pensamientos. Su s