187. Llamadas
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El móvil tembló en su mano mientras el color desaparecía de su rostro. Sabía exactamente quién era. Esa voz la había perseguido en sus peores pesadillas.
—Gunter… —murmuró, incapaz de contener el temblor en su voz.
—¿Extrañaste mi voz, Isabel? Porque yo no he dejado de pensar en ti, en todo lo que me quitaste —su voz sonando siniestra a oídos de Isabel que tembló en su silla.
Isabel sintió como si el suelo bajo sus pies se desmoronara. Esta no podía ser una llamada desde la cárcel. No er