177. Un pie en...
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Maximiliano había esperado nervioso, tamborileaba los dedos contra el volante mientras miraba la entrada de la casa de Julieta. La impaciencia lo estaba carcomiendo, y su mente no dejaba de darle vueltas a lo que debería decir. Así que salió del auto a esperar al idiota.
—¿Qué hago aquí? —se preguntó en voz baja, apoyando la frente en el volante. Luego suspiró y se enderezó.
—Tal vez debería irme. Ella ni siquiera me quiere aquí… ¿no? —sigue pensando en voz alta como si la oscuridad fu