POV de Lucian
—¡Voy a matarte! —sus pequeñas amenazas eran, en realidad, adorables. Hizo un vano intento por acercarse a mí, pero yo me deslicé sin esfuerzo hacia el otro extremo de la piscina.
Una de las revelaciones más divertidas de esta noche fue descubrir que no sabía nadar bien; podía mantenerse a flote un poco, sí, pero no cuando el agua se volvía profunda.
Aquí estábamos, en la parte trasera de mi gran mansión, con la piscina como único testigo de nuestros momentos privados. Desde aquel