Todo se sentía raro.
Quizá el mundo estaba girando.
Quizá solo fui yo.
Tenía el pecho apretado. Mi corazón latía tan fuerte que dolía.
Mateo estaba en el suelo, sujetándose como si no pudiera respirar. Su rostro estaba pálido. Sus ojos estaban muy abiertos.
Asustado.
Bien.
Ya no me importaba.
Luego estaba Rafael.
De pie ahí como si nada pudiera alcanzarle.
Tranquilo. Silencio. En control.
No parecía cansado. No parecía alterado. Parecía que no era nada.
Sus ojos se encontraron con los míos y ol