Un mundo que no es mío.
El coche empezó a frenar y me di cuenta enseguida.
Al principio pensé que era solo tráfico o una mala carretera. Pero entonces miré fuera, y el pecho se me apretó. El camino liso que conocía—el que ves en la ciudad—se había ido. El suelo había cambiado. Ahora era áspero, irregular, como si a nadie le importara arreglarlo.
Me incorporé un poco más.
"¿Dónde estamos?" Pregunté en voz baja.
Rafael no me miró. Sus manos se mantuvieron firmes en el volante. "Estamos cerca", dijo.
Eso fue todo lo que