capitulo...
El amanecer llega como una concesión, no como un regalo.
No dormimos. No del todo. La noche nos dejó marcas invisibles miradas sostenidas, silencios cargados, el cuerpo recordando sin necesidad de repetir. Cuando la primera luz se filtra por las rendijas del refugio, Lykan ya está alerta, tenso, como si hubiera contado cada segundo.
— Se mueven — dice Kael, en voz baja.
Me incorporo. El eco responde, despierto, más fino que antes. No duele. Advierte.
— Tres puntos — añado —. Al sur