Al día siguiente, Silvia la condujo a la biblioteca con la misma eficiencia impecable de siempre, aunque su presencia se sentía aún más distante, casi mecánica.
No hubo comentarios innecesarios, ni advertencias adicionales. Solo pasos firmes sobre el suelo pulido y el leve sonido de las llaves que llevaba consigo.
Cuando abrió la puerta, el aire cambió.
La biblioteca era vasta, silenciosa, casi olvidada por el tiempo.
Estanterías de roble oscuro se alzaban hasta un techo alto cubierto de mold