POV: Aurora
La puerta de la habitación de mi madre estaba cerrada.
Era una puerta de roble macizo, barnizada y perfecta, como todo en esta maldita casa. Pero ahora, con mis nuevos sentidos, esa puerta no era una barrera. Era papel.
Podía oírla al otro lado.
Podía oír sus pasos nerviosos de un lado a otro sobre la alfombra. Fruf-fruf. Podía oír su respiración entrecortada. Podía oler su ansiedad, un aroma agrio y metálico que se filtraba por las rendijas.
Levanté la mano. Mis nudillos estaban blancos.
No llamé.
Empujé la puerta con la palma de la mano. No usé mucha fuerza, o eso creí, pero la cerradura cedió con un chasquido fuerte y la hoja de madera golpeó la pared interior con violencia.
BAM.
Evelyn saltó. Estaba de pie junto al tocador, aferrando un cepillo de plata como si fuera un escudo. Llevaba ropa de día, pero su maquillaje estaba corrido y sus ojos, hinchados.
Me miró. Y lo primero que vi en sus ojos no fue amor. Ni alivio.
Fue miedo.
Ese miedo fue la chispa que encendió la