POV: Aurora
El olor a estofado de conejo y testosterona rancia me despertó.
No abrí los ojos de inmediato. Me quedé quieta, haciendo un inventario de mis daños.
Mi cabeza ya no palpitaba como si tuviera un taladro dentro. Mi nariz ya no sangraba. El vacío frío en mi pecho, donde mi magia se había agotado, se estaba llenando lentamente, gota a gota, como un pozo alimentado por la lluvia.
Y mi vientre...
Me llevé la mano bajo la manta áspera.
Calor.
La chispa estaba ahí. Tranquila. Fuerte. Había sobrevivido a la explosión, a la huida y al terror.
Suspiré, soltando un aire que se condensó en una nubecita blanca frente a mi cara.
Hacía frío.
Abrí los ojos.
No estaba en una habitación de hospital. No estaba en una mansión gótica.
Estaba en una caja de madera.
O eso parecía. El techo estaba tan bajo que si me ponía de pie sobre la cama, me golpearía la cabeza. Las paredes eran troncos de pino sin barnizar, con musgo seco metido en las grietas para aislar. Había una sola ventana, pequeña y s