Lorenzo estaba sentado solo en su oficina, con ambos codos apoyados sobre el escritorio. Frente a él, la pantalla de la computadora seguía mostrando el informe financiero de la empresa, repleto de cifras en rojo.
Cuanto más tiempo lo observaba, más pesada sentía la cabeza. Fruncía el ceño profundamente mientras sus dedos masajeaban unas sienes que latían sin descanso.
Durante las últimas semanas, la situación financiera de la empresa había ido empeorando. El flujo de caja comenzaba a verse afec