Chiara seguía mirando a Alessia con una expresión cargada de odio. Cuanto más lo pensaba, más grande le parecía la injusticia que se había cometido contra ella. Al final, los celos terminaron por imponerse a su razón.
Chiara tomó el vaso con agua que estaba sobre la mesa. Apretó con fuerza el vaso de cristal entre los dedos y, de un movimiento brusco, lo lanzó en dirección a Alessia.
"¡Basta!", gritó Chiara, consumida por la ira. "¡Si no fuera por esta mujer, no me habrían humillado de esta man