La noche comenzaba a cubrir el cielo de la ciudad cuando una caravana de lujosos vehículos entró, uno tras otro, en los terrenos de la Mansión Moretti.
Los agentes de seguridad vigilaban cada punto del recinto, mientras los sirvientes permanecían alineados impecablemente para recibir a los invitados.
Un sedán negro se detuvo lentamente frente a la entrada principal. Marco Vignelli descendió primero, seguido por Beatrice, Lorenzo e Isabella.
Durante unos instantes, los cuatro permanecieron en si