Matteo, que hasta ese momento se había limitado a escuchar, finalmente levantó la vista. Su mirada se dirigió hacia su abuela.
—Abuela.
Elena volvió el rostro hacia él.
—No me interesa hablar sobre el puesto de jefe de la familia.
Toda la sala volvió a quedar en silencio.
Matteo continuó con voz serena.
—Ya tengo mi propio imperio empresarial. Incluso sin ese título, puedo seguir dirigiéndolo todo.
Se recostó en el respaldo de la silla.
—Así que, quien quiera esa posición, puede quedarse con el