ELEONORA
El sonido de los susurros llenaba el salón antes siquiera de que yo entrara.
Los ancianos se reunían cerca de la mesa redonda, sus rostros cubiertos de miedo.
Sus voces bajas se detuvieron cuando entré, pero sus ojos lo dijeron todo: estaban asustados.
No de mí, sino de él.
Caminé más cerca, fingiendo una calma que no sentía.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué todos susurran?
El anciano Marco carraspeó, pero evitó mirarme.
—El Alfa Jordán… ocurrió algo otra vez anoche.
Mi pecho se