JORDÁN
Le has traído nada más que mala suerte. ¿No lo ves? Algún día le arrancaremos el corazón del cuerpo… así de asesinos somos… —esas palabras me taladraron el pecho y gemí de dolor. La figura frente a mí estaba de pie en la oscuridad, así que no podía ver el rostro… solo escuchaba la voz. —No… jamás podría hacerle daño. —Negué con la cabeza, en desacuerdo. Me dolía mucho el pecho; solo pude aliviarlo sujetándomelo. La figura se rió con sorna. —No te precipites y olvides cómo matamos a tus pa