JORDÁN
—¿No… papá? —llamé, todavía mirando mis manos que goteaban sangre.
—No mereces amor, Jordán. Cualquiera de quien te enamores está condenado a morir por tu culpa. Eres un monstruo traicionero —la voz resonó en mi cabeza mientras observaba a mi padre retorcerse de dolor.
Mis ojos se abrieron aún más al ver a Dafne frente a mí, con un cuchillo clavado en el abdomen. ¿La apuñalé yo? La sangre brotaba de su boca abierta… Me miraba con unos ojos tiernos, pero llenos de compasión.
Sentí el coraz