Elara
Me duele la cabeza.
Me duele muchísimo.
Me costó abrir los ojos, pero me estremecí cuando los rayos del sol que entraban por la ventana abierta me atravesaron los ojos.
Entrecerrando los ojos, intenté incorporarme o moverme, pero también me costó porque sentía que pesaba una tonelada.
Con un gemido, logré voltearme de lado, abrazando la almohada como un animal de apoyo emocional.
Sentía la cabeza nublada, como si alguien me hubiera metido una bola de algodón mientras estaba inconsciente.