Capítulo 62

Elara

La mañana amaneció con una calma frágil, de esas que parecen prestadas, no propias. El bosque parecía engañosamente tranquilo: el rocío se aferraba a las hojas como cristales esparcidos, los pájaros cantaban como si nada malo hubiera pasado allí.

Debería haberme sentido reconfortada, pero en cambio, mis instintos zumbaban bajo e inquietos bajo mi piel.

Empaqué mis cosas con cuidado, más consciente de mi entorno que días atrás. Algo dentro de mí había cambiado después de lo que compartimos
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