Capítulo 62

Elara

La mañana amaneció con una calma frágil, de esas que parecen prestadas, no propias. El bosque parecía engañosamente tranquilo: el rocío se aferraba a las hojas como cristales esparcidos, los pájaros cantaban como si nada malo hubiera pasado allí.

Debería haberme sentido reconfortada, pero en cambio, mis instintos zumbaban bajo e inquietos bajo mi piel.

Empaqué mis cosas con cuidado, más consciente de mi entorno que días atrás. Algo dentro de mí había cambiado después de lo que compartimos ayer, acercándonos en lugar de distanciarnos.

El trauma me había enseñado a escuchar atentamente el silencio, y este silencio se sentía más alerta que reparador.

Orión también lo notó.

Lo noté en la forma en que sus hombros se tensaron y en cómo su mirada recorrió la línea de árboles antes de posarse en mí, no con preocupación, sino con una pregunta. No la preguntó en voz alta, y le agradecí por ello.

Nos pusimos en marcha poco después, siguiendo un sendero estrecho que se adentraba más en la c
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