Elara
La retirada comenzó bajo un frágil amanecer, el cielo se tiñó de dorado pálido y rosas apagados que casi parecían burlarse de la tensión que latía entre nosotros.
Orión cabalgaba a mi lado en silencio; su presencia era un peso sólido e inquebrantable, pero no el tipo de consuelo en el que alguna vez me había apoyado.
El aire entre nosotros resonaba con palabras no dichas, disculpas a medias y verdades que ninguno de los dos se atrevía a expresar. Estábamos juntos, pero un abismo se había