Elara
El sol se alzaba pálido y titubeante sobre el horizonte, proyectando finos rayos de luz sobre los fuertes vientos de mi habitación.
Incluso en la cálida mañana, un escalofrío me recorrió, no por el frío, sino por la pesadez de ser observada. Podía sentirlo en el aire, el silencioso escrutinio de la manada, las miradas ocultas de quienes una vez susurraron sobre mí tras puertas cerradas.
Había sobrevivido a la humillación pública, soportado la crueldad de Freya, y aun así, el mundo parecía