Claro que no.
Exhalé lentamente, mi mirada se desvió más allá de ella hacia la cascada.
Lo mirara por donde lo mirara, seguía siendo una situación sin salida.
—¿Qué voy a hacer? Mi vida sigue ligada a la suya —dije tras un momento.
Veya no respondió, solo me miró fijamente.
Solté una risa seca. —A ver si lo entiendo bien. Si la mato, muero. Si lo intento y algo sale mal… —Dejé la frase inconclusa, apretando la mandíbula mientras deseaba escuchar el veredicto.
—Podrían verse afectados los dos —a