Orión
Amenazar con amputarle el miembro a un hombre fue toda la motivación que necesité para que se desahogara.
Sin embargo, a mitad de camino, el sonido de pasos fuertes llegó a mis oídos y Pierce pasó a la ofensiva, sacando un arma mientras esperábamos a que apareciera.
Por suerte para él, solo era un guardia que entró corriendo en la mazmorra jadeando y respirando con dificultad.
"¡Mi... mi rey!" Hizo una profunda reverencia, doblándose para recuperar el aliento. "¡Hay algo que... tienes que ver!"
Pierce y yo intercambiamos miradas.
"¿Qué pasa?", espetó, con las fosas nasales dilatadas por la molestia. "¿No es algo que puede esperar?"
Los ojos del guardia se abrieron de par en par mientras la conversación iba y venía entre los lobos rebeldes y yo, o más importante aún, sobre lo que estaba haciendo con ellos.
"¡N-no, s-señor!" Tartamudeó, temblando como una hoja al comprender lo que acababa de interrumpir. "T-tu... l-la Reina, está fuera. ¡Se está dirigiendo a la manada!"
Un momento