Elara
No recuerdo cuánto tiempo llevo aquí. Quizás una hora, o cinco… o incluso diez, era difícil saberlo en la penumbra.
Además, el tiempo no transcurre igual tras las rejas.
Se prolonga en largos silencios que se instalan pesadamente en el pecho hasta que cada segundo se siente como una maldita tortura.
La celda está silenciosa, más silenciosa que cualquier cosa que haya experimentado, con un silencio que te presiona los oídos hasta que tus propios pensamientos empiezan a sonar más fuertes de