Elara
Cuando me llevaron al salón, estaba bastante ocupada poniendo un pie delante del otro para no tropezar ni caerme con el velo que me cubría la cabeza.
Sin embargo, al levantar la vista, pensé por un segundo que realmente había olvidado cómo respirar.
El salón era... impresionante.
Una luz cálida y dorada se filtraba a través de las lámparas de araña, haciendo que cada sección de la sala cobrara vida a su manera.
Y entonces, la exquisita y larga mesa de banquete, cerca del podio, con adorno