Días después, Helena se encontraba mucho mejor de salud y Sarai no la dejaba sola en el hospital. Incluso hizo una especie de cama cerca, con cojines y sábanas de su hogar.
Ese día le permitieron una visita grupal, y todos entraron a la habitación con flores y regalos para la paciente. Ella sonrió.
—Sorpresa —dijeron al unísono.
—Pero si no es mi cumpleaños —expresó la castaña, sentándose en la cama.
Karen fue la primera en darle un abrazo cuidadoso a su amiga, lleno de calidez. Le alegraba