—Papá… ¿por qué?
La palabra salió de mí, cruda y rota.
Seguía de rodillas, con las manos temblando tanto que no podía controlarlas. Las lágrimas me nublaban la vista, pero no me molesté en secarlas. No podía. No cuando la verdad estaba justo frente a mí.
—¿Cómo pudiste hacer esto durante tantos años? —grité, y mi voz resonó entre los árboles del bosque. Los pájaros salieron volando de las ramas, asustados por la fuerza de mi grito.
Pero él no se movió.
Solo se quedó allí… observándome.
Como si