—¿Entonces tú estás detrás de todo lo que le está pasando a Doris, verdad? —respondí con dureza, mi voz cortante atravesando el pesado silencio entre nosotros.
Mi padre no respondió de inmediato. En cambio, me observó —calmado, inescrutable.
Luego habló.
—¿Crees que realmente la mataría? —preguntó en voz baja.
La pregunta me hizo detenerme.
No sonaba como una mentira, pero tampoco como la verdad.
Esperé.
Algo en la forma en que lo dijo no me convencía.
—Disparé esa flecha para asustarla —contin