Me limpié rápidamente las lágrimas y caminé hacia la puerta.
El corazón todavía me iba a mil por hora cuando tomé la perilla y abrí.
Jason estaba allí parado con los brazos cruzados.
—¿Por qué tardaste tanto en abrir? —preguntó con suspicacia.
—Estaba llorando, idiota —refunfuñé.
Su expresión se suavizó por una fracción de segundo antes de pasar a mi lado y examinar mi habitación.
—Jason, ¿qué estás haciendo? —pregunté.
Él me ignoró y continuó barriendo el cuarto con la mirada.
—Te escuché habl