«¡SE LE ACABA DE ROMPER LA FUENTE!»
Por un segundo, nadie se movió.
Luego, de repente, la sala entera estalló en un caos absoluto.
—¡La maleta del hospital! —gritó papá.
Doris me agarró la camiseta con fuerza mientras otra contracción la golpeaba con dureza.
—Ryder… —articuló con voz temblorosa.
Fue en ese preciso instante cuando mi cerebro dejó de funcionar por completo.
—¡¿YA VIENE EL BEBÉ?! —grité como si alguien acabara de anunciar el fin del mundo.
—¡Sí, genio! —dijo mamá—. ¡Eso es lo que