—¿Qué hacen ustedes dos aquí escondidos? —pregunté en voz alta.
La reacción fue inmediata. Doris se dio la vuelta y me dio un pellizco tan fuerte en el trasero que casi pierdo el alma.
—¡¡AHH!! —grité con fuerza, dando un salto hacia atrás.
Julius estalló en carcajadas al instante, mientras Doris me lanzaba una mirada furiosa.
—¡¿Por qué tienes que gritar así?! —reprochó ella en un susurro enojado.
Me froté dramáticamente mi pobre trasero.
—Mi niña, ¿acaso estás intentando matarme?
En ese momen