Olivia estaba sentada en una mecedora en el área de la granja, observando jugar a los niños. Los hijos de Nathan y Graça eran dulces y amables, como sus padres. Y sintió el apego que tenía Diego a sus sobrinos, pues en ese momento se encontraba jugando con los cuatro en una improvisada cancha de fútbol.
Había dos niñas y dos niños. El mayor acababa de cumplir quince años. Y la menor aún no tenía dos años, se había conocido horas antes.
Los tres corrieron detrás de Diego, quien en ese momento so