Por un tiempo, Diego y Victor caminaron silenciosamente a través del antiguo y gigantesco cementerio. Y conforme pasaban los minutos, la desesperación empezaba a apoderarse de ambos. El miedo de que Olivia se hubiera apagado y los Lobos mataran a Christen gritaban en la mente del Lobo Negro. Sólo esperaba que fuera una neurosis de su mente preocupada.
— Tengo mucho miedo.
Victor se enfrentó a su amigo, que seguía pocos pasos por delante de él. Y, por su expresión, sabía que el mismo pensamiento