La Loba Blanca chilló, mientras era arrojada contra una puerta, la cual se hizo añicos con el impacto de su cuerpo contra ella. Desconcertada, aún tambaleándose, la Omega se levantó, sacudió la cabeza y miró hacia la entrada, viendo a su atacante acercarse lentamente, con una sonrisa desdeñosa en los labios.
Olivia aún podía escuchar los disparos y gritos tanto de los compañeros que los ayudaban como de los enemigos que luchaban contra ellos. Por lo que parece, se lo estaban pasando bien contra