Punto de vista de Elena
No dormí. ¿Cómo era eso posible?
Cada vez que cerraba los ojos, veía ese mensaje brillando en letras rojas como sangre. *“Tu vida por la de ella.”* La expresión de Andrew cuando lo leyó… su mandíbula apretada, torcida por el disgusto mientras arrugaba el papel como si no significara nada.
Pero sí significaba. Lo era todo.
Y ahora, aquí estaba, sentada en mi cama con el vestido de boda de ayer todavía puesto, mientras el sol pintaba mi habitación de dorado. El dobladillo estaba rasgado; sangre y tierra manchaban la tela. La corona de flores estaba hecha pedazos en el suelo. ¿Qué clase de boda había sido esa?
Un golpe me hizo saltar.
—¿Elena? Soy yo.
Clara. Abrí la puerta y ella entró de inmediato con una bandeja llena de comida que no iba a comer y té que no pensaba beber. Había llorado tanto que tenía los ojos hinchados.
—Debes descansar —dijo mientras dejaba la bandeja.
—Necesito pensar.
—¿Pensar en qué?
—No hay nada que pensar —dijo rápido—. Andrew no va… él