Punto de vista de Elena
Me quedé frente al espejo, con las manos temblando un poco, diciéndome que respirara. Afuera, por la ventana, toda la manada zumbaba como abejas dentro de un frasco. Los lobos gritaban órdenes: “¡Muevan esa mesa a la izquierda! ¡No, a la izquierda!” mientras otros reían y charlaban.
Los niños corrían en círculos, lanzando puñados de pétalos de flores como si estuvieran practicando para un juego. Incluso los ancianos estaban ocupados, colocando una mesa de piedra elegante en el gran salón de baile, decorada con rocas lunares brillantes y símbolos tallados extraños. Banderas plateadas y negras, los colores de la manada, colgaban de cada pared del palacio. Parecía una fiesta, una gran fiesta feliz. Pero todo era por esta boda que yo nunca pedí.
Mi loba no se quedaba quieta dentro de mí. Seguía caminando de un lado a otro, con las garras haciendo clic en el suelo de mi mente. El vínculo de apareamiento tiraba de mí como una cuerda alrededor de las costillas, arrast